jueves, 10 de noviembre de 2016

APOLOGÍA DE LA CLARIDAD BELLA DE SENTIMIENTO DEL CINE Y ALREDEDORES

No a la estulticia gruñidora general, no a la maldad trapisonda, no a la quincallería de fatuos plásticos imberbes; que viene el cine, y ella baja la escalinata, y arden hímenes de plata. Y, aunque el plan se desbarató pronto, y la princesita salió rana, el traidor de la banda no era yo. !Que yo, respétenme, de niño me metí en un cine! Y no solo no quiero salir de esa cueva sino que tampoco quiero que nadie entre en ella. !Transustanciación! El dinero corría a raudales, las amé fuerte en los moteles, ametrallé a rivales, y se cuchicheaba a mi paso porque el orbe y las calles eran mis particulares saloncitos de té. !El imperio asirio a cambio de una rubia! !El empíreo a cambio de la torsión de seda de un beso de Lana! Apúntalo Christian, apúntalo antes del fin.

A esta actriz la vida le sobreviene en el gesto donde sus nalgas brotan en plenitud, y los coches se dirigen a los antros, y el neón se crea en las afueras del vacío, y se exalta felicísima la brasa, y el sentir se diluye en la contemplación y lo que llamo mío ya no existe. Miel del todopoderoso encerrada en la abeja de su cuerpo, cremación que no precisa muerte, todo fluye en la órbita cementerio de la pantalla. En la sala de cine soy compinche de la dama de la noche. Hogar sin la irracional estratagema de los oficios de la vida. Y me enamoro de mí mismo pues se abren las ventanas de mi cuarto al valle. Prácticamente al tocar de mis ojos los soles y estrellas de los humos amarillos del espacio. Y, a propósito de la hermosa de la pantalla, que cabe en el soplo de voz de las palabras sino la extensión sublime de la voz "belleza".

En el cine no rige la infamia ni el dolor carnal ni la corrupción del alma. ¿Qué es el amor? Acaso la percepción extraordinaria de un ser humano; pero el amor es caduco y fungible. Su sombra, y ésta no corruptible, permanece en el arte. El arte es la sombra del amor. El arte es la crítica de la vida no acabable. Ahora, que la película revoletea en mi sangre lo sé. Veo amarillos de edénicos danzantes en la pupila, veo el grana de la flauta tocuyana, veo el perfume de las caballeras azabache andalusís, y mi secreto corazón se llena de un ritmo de be-bop y rosas o alcanfor o antillanos girasoles helados o concubinas despampanantes de naranja o a los cotton pickers vestidos de astronauta, y basculo y me balanceo y oscilo, entre las mañanas del calipso y la intimidad resultante de lo eterno. Una dorada comunidad de aromas es el cinema. Y una galería de ojos hímnicos. Ver es una experiencia dadora de ser; la imagen se incrusta en la mente como una gaviota en la turbina de un avión. La imagen es una experiencia que conmemora al ser; crepita la memoria de un muy antiguo reloj de oro.
Cada vez que salgo del cine parece que venga de bañarme en nocturnas playas del misterio.

Bebo el licor del atardecer y se rompen las sinusoides cadenas de mármol del tiempo. Ella es entrañable y salerosa, vitalista y guapa y tierna, herida de hélice y rumor de flauta allende jardines, dinamita en la luz de los ángeles, onírica y tendenciosa y bobalicona, avispa, crema, o casi un roce, daga en la alargada callejuela del destino, ardid oculto de la neurosis, detersoria con piel de aguarrás, caprichosa rica, druida, colérica, lucífera, elegante entre gentes del vulgo, perra que jadea en el concúbito, selenita y celeste y sarracena, fragancia de benjuí, lujurioso oxígeno, dulce gro, distante gro, tremebunda acariciadora, virgen y puta, opositora a leona, nenúfar de difusa antracita, mar tarambana, electromagnética literatura, infraliteratura, calidad que pontifica, cantidad que sopesa y mide, selva dentro de mi habitación, cara de piedra, ramera en cofres de bálsamo, gordita, inebriativa, madrugada, sol en la revista. Todos las mujeres son la misma mujer. Todas las actrices la misma actriz. Toda piel o alma la misma piel o alma. Igual monja que cover-girl. Con el quinqué de luz de la vida todas sois percepción de la forma infinita de lo extraordinario. Y eternas bajo los focos de la mirada.

A lo mejor la cuestión es ir al cine que tú vas. Decir que entras en mis planes. Ver los chispazos a láser que te esculpen. Atrapar tu espectro escabulléndose entre mis sábanas. Lamer ese latigazo rubio como de película. Suponer que una teología nos une indefectiblemente. Suplantarte con el arte dudosa del onanismo. Rociarte el cuerpo de bourbon. Ahogarte con mi almohada. Toquetear tus muslos umbrosos. La cuestión será ir al cine que tú vas. La cuestión será ir al fumadero del suburbio. Y, antes del the end al todo acabar, empezar a fingir la doble vida de cuaquier poema: tú y yo.

¿Qué había en aquella luz zodiacal oxigenada, con retrato del aire nervioso en morada de mármol resinoso, qué sino el cine de pueblo eterno? En la cristalera sombras de bela lugosi y ante todo calor de hogar como los pies dentro de las katiuskas. Bonito aquel cine como una crin olvidada o adarga antigua, bonito olor a pipas y a colonia de aldeanas con rímel arremolinado, y ante todo carne de infancia desde el rosa al amarillo helado. !Cine de los sábados! !Lluvia en la kermese! Carne de infancia rosa y costras en los labios. Y miedo pánico si te apunta e.g. robinson. Labios guepardo en primerísimo plano. Sus caras besan en el parteluz, tú y yo nos abrazamos. Cativo cine con columnas de mármol. Blanco de quirófano la pantalla, carmesí del telón, luz fugaz del acomodador, en bochornoso secreto rendimos tributo a la palabra llena de disparos vladimir´s. Veneno de la luz cadmia, bárbara, zodiacal -hipogeos, columbarios, nichos- y con fábulas americanas oxigenada.

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