No se osa pronunciar la palabra, dirimir su voz entre roquedales, crearla lentamente entre asfixias y loor de conversación, suspenderla de la punta de un lápiz, después en el pico de una abeja, posarla en la punta redondeada del florete que el moroso orfebre signa, ponerla en el vientre dormido de la amante, hacerla metales sinfónicos para contrapesar el eje helado del mundo, leerla en el libro de la historia y en la mente del pintor que es todo vegetal luz, verla en cualquier indistinto guante o glisando, volcarla sobre montes danzantes, perfilarla en el sueño cuando su bruma se parece a un desordenado pájaro tropical, traerla a la canasta del niño entre laurel, incienso y mirto, entre iglesia y desierto y anochecida, no, no se osa pronunciar. Es un reptil con baba violeta, es una muerta que yace indiferente, un poema -como aquí- a la buena de Dios, un sexo que escupe tarántulas y sabe a hormigas de plástico, es una palabra-anus, un anus donde nunca estará el digitus del angelus, una palabra-ortiga, que incendia de mierda la vida. Cálmate orate, que desbarras. Es una palabra anticuada, que chirría como un joven tuberculoso, como telefonino en aldea feudal. Si se pronuncia, mejor, infinitamente mejor, mejor por ser exactos à la Vienna´s Circle, si se usa la palabra el orbe se mueve con olas suaves, se mece al vaivén de ideas, si no se usa el orbe se mueve con agrios vientos y céreas tempestades, si se menciona parece oírse voz gomosa de búho, fieltro húmedo, asunción de adiposidades. Si se pronuncia se desdobla en palabras hembra como rigor o dignidad o vértigo a la altura, o se deduce de palabras varón como esencia, alma, pensamiento, destino. La palabra, no menos de siete letras, pesa. Nadie desea el peso, nadie desea la gravedad, se vuela con el fuselaje adherido al suelo. Hay que ser legible para todos, medir en subnormal -lo normal- Si la historia es una suma sucesiva de ruinas, la chatarrería, la basurera casi la llenamos toda ahora. Duro y maleducado: sois unos eternos menores de edad y vuestra soberanía es la de la laringe. Porfiad en la ciencias de la laringe, ufanos desconoced la ornitología. Porfiad. Porfiad alegres. Silenciad las palabras.
Una palabra que no se osa pronunciar: sabiduría.
Blog a la busca de cierto carácter meditabundo y meditativo o sobre los pinitos literarios de alguien de escritura perfectible. Cajón de sastre o lecciones de cosas o silva de varia lección de un animal racional literario. Modo de agradecer lo muchísimo que los libros me han dado sin olvidar aquello de que, por mucho que tú los ames, ellos no te aman. Sólo aman las personas. Blog que sería un éxito si fuese lo mismo que el otium divinis o bien que el otium cum dignitate.
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