Hay interiores de latón muelle, de regadera agujereada. Nada que objetar. Poco sorprende a mi liberalidad extrema la advertencia del vulgus como coqueros gerentes de camping, como prole estudiosa de la webmaestría o de las calidades de los paños. Nada que objetar. Yo no soy su tipo (y a la inversa) Descreo de las pintas de oficinistas, de la gente que hace daño (los hombres hacen daño), del gregarismo tabernario, del futbolismo mercenario, de pasarme la noche durmiendo en lugar de deleitarme en la contemplación minuciosa de ley de verduras estrelladas en cualquier noche de bordes azucarados. Es ello la ley moral de Deus inscrita en la íntima convicción de Natura, la ley de los astros invernales cuando no hace frío ni pasmo en el universo. El lujo impersonal del alma impulsada arriba es como el tractatus de la noche, como una spinoziana inteligencia que pule lentes cavilosa, la esquila hermosa de un verso rítmico, el patrón melódico del placer sin mesura de las sensibilidades. En eso creo.
Así que piafad, piafad, humillos pequeñoburgueses, fornicios sin soberanía, piafad, piafad, con vuestra voz doblada, de tanto bajar la cerviz, de tanto careto inestético, lacayuno, feo, ineducado. Mi inmodesto punto de vista es que es pura necedad porfiar más en el piafar, porfiar en la liliputiense materia de casamiento, fundar familia, criar bestias, acabando en ser lelo anestesiado y general. De ese rebuzno, qué lejos aquella delicada orfebrería. Piafad, piafad. Dispendiosos a chismorrear con el telefonino, comprar haciendas (o desearlo), ver tele y trabajar como un abocado a las malas prosas. Os abajáis queridos, sin la diestra revolución, sin un anarquismo de derechas, os abajáis. Tanto que no quiera pensar, que no quisiera pensar que vuestro único lujo asiático es expeler duro tronco coprofílico, y no Horacio, los poetas chinos o las flores sin filoxera. Sois demócratas. Exactamente igual como yo no. Pues lo nuclear radica en elaborarse hacia arriba, ansia ilimitada de lo infinito celeste, no en abajarse agusanándose, no en ser gusano que canta o justifica o entiende o perdona a la azada que lo parte en dos. Individuo, es lo verdadero, conjunto, es lo estúpido y trivial y vil. Jerarquía, es el quid, pues la distribución jerárquica de los seres y las especies es el modo natural de distribución de los entes. ¿Quién es el lector que ahora lee? Dudo que más que un amamantado batracio nutrido por Leviatán, un socialdemócrata fabricado en serie y por los media, una mugre coleóptera tercermundista afín a la feúcha turbamulta, o bien una feúcha y muy poco pulimentada nenita de la cup. No. No a todo eso. No a todo. Apelo y acudo a la solitaria moral de mirlo indiferente al sol de la noche, apelo y acudo a los ríos wordsworthianos, a los dorados keatsianos, a las miliares estepas baldías de las fuentes, al magnificat de mi daiquiri tomado en principesca soledad. Vosotros tenéis estética de patata y alpargata. Yo peleo y argumento con las nubes, de mi cursilería orgulloso, de la proliferación de mi orbe orgulloso, y del genio que hay en la pasión de mi raciocinio. Piafad, vosotros mentecatos piafad, con las boñigas de la tele, con el neandhertal delantero centro, con la comisión central del mercado de valores, con la metástasis de esta sifilización conspirando contra el galopar de ruiseñores.
Yo me pongo mi escafandra y mi máscara antigás si con ustedes -piafad, piafad- he de cruzarme al salir de mi casa.
Blog a la busca de cierto carácter meditabundo y meditativo o sobre los pinitos literarios de alguien de escritura perfectible. Cajón de sastre o lecciones de cosas o silva de varia lección de un animal racional literario. Modo de agradecer lo muchísimo que los libros me han dado sin olvidar aquello de que, por mucho que tú los ames, ellos no te aman. Sólo aman las personas. Blog que sería un éxito si fuese lo mismo que el otium divinis o bien que el otium cum dignitate.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario