El mes menos cruel es abril. Natura se pone una falda tableada, y hay un verde sigiloso en los domingos, y la perfecta disposición de sus partes casi abrasa limes. Agradabilísimo verde de sol lunar, de hierba húmeda y cúpula de pino en la quimera de algo nunca convencional que resurge. Galicia con rojas y blancas y amarillas florecillas silvestres. Escalofrío mío de súbito enfebrecido: el mes menos cruel. Blanca oblea hacia su máxima fruición, razzia que no admite sino supervivientes, piel color olor de poma, luz que angelotes -salivando- roban a la noche, porque la noche acuchilla al pasto, porque la noche siempre ayuda a los audaces. ¿No es incitante la pose prostibularia de Natura? ¿ese nervio a doncel que desordena perfumes de duquesas? El latido sincopado del búho en mí también late. La misma navaja nos roza el sexo. Y la noche desparramando iguanas entre las imaginaciones. En primavera las albas adquieran esa calidad que vuelven inútil cualquier tipo de bisturí para descuartizarlas. No podemos vituperar las nalgas de Natura, son perfectas, nobles, perfectísimas. Vibra el ángel de los preceptos de la iglesia en los montes. Los violines se licúan en esta quieta transeúnte llamada "primavera". El Libro de Horas es un reflector sobre los ríos. Zumban avispas venidas de lejanas galaxias en el yelmo de las rosas. Hay un franco y dulce dormir de inmortalidad. Sí, las abejas son plebeyos versallescos que beben bourbon del seno abierto de las flores encarnadas. Las lagartijas salen de fiesta desde su habitación de hotel. Las ardillas adoran púberes piernas frutales. Los robles se adentran y agrietan en los adentros de terrosos pubis pelirrojos. El corazón helado de los pájaros es una cristalera que se rompe y hace una melodía menos que desabrida y fría, más de chapoteo y oráculo. Flâneur por la prosa carnosa de Natura mi mente distiende y dirime, sopesa y bien mide, boceta y acota el compás. Una mente lúcida en abril es indiscernible al de una nimphette. Tras la promiscuidad de los cuerpos el abedul es fruta real. Tras el apetito de vainillas verde se ordena el aire. Tras la liebre respira libre el amanecer. Y esa blusa roja que es la luna parpadeando con suma piedad. Y tensas espigas imantan recuerdos. Y la revolución del cielo estrellado es un objeto que piensa. Y la serena verdad se expresa mística en lo evidente. Oh alfalfa y ciruelas, raquíticos eternos, sol de infantes.
Noble el gesto del corazón que abril conduce. El amor une, concuerda, el odio separa, discuerda. Esa propensión sutil al amor es la que resume en castellano el vocablo "natura". Ese silencio de tornasoles y paraguas naranja es el que resume la antiquísima palabra "abril".
Blog a la busca de cierto carácter meditabundo y meditativo o sobre los pinitos literarios de alguien de escritura perfectible. Cajón de sastre o lecciones de cosas o silva de varia lección de un animal racional literario. Modo de agradecer lo muchísimo que los libros me han dado sin olvidar aquello de que, por mucho que tú los ames, ellos no te aman. Sólo aman las personas. Blog que sería un éxito si fuese lo mismo que el otium divinis o bien que el otium cum dignitate.
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Jajaja… en mis tierras Abril aún es invierno. Acá natura sigue siendo frijida y remilgosa. Fría al tacto, de ramas desnudas, de hojas muertas, aunque particularmente húmeda. A veces eso me pone mucho.
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