Un orate diletante debiera o debiese seguir la máxima de Epicuro y vivir oculto. Pero hete aquí que yo, el mono mi nombre, el simulador o falsario o estafador, decido autodesenmascararme y lanzar a las oscuras -por procelosas- aguas del ciberespacio mis productos cognitivos, altos como un homúnculo de un gigante. No sé si el inicio de este blog diletante es un acto patafísico de inspiración o, más bien, y al igual que dijo cierto purpurado de un poco fausto concilio contemporáneo, la aventura al porvenir del comienzo de la decadencia. El primer poema (de los dos detritus de poemas que expelo es este post) se intitula "Yo defiendo lo mejor" y es jodidamente malo, excusable debido a que se encuentra en un estado muy embrionario, susceptible por tanto de un prescrito y preciso proceso de pulimento, escamondamiento, pase obsesivo, en fin, pase compulsivo de la lima. Lo transcribo como ejemplo de que soy un tipo de escritor especializado en sabotear su propia carrera. El poema procede tal que así:
YO DEFIENDO LO MEJOR
Es triste a la par que comprensible
que tan pocos se emocionen por la caída de los imperios
o por la cuarta Enéada de Plotino, o que, hasta las lágrimas,
con ideas y sentidos platónicos no se enerven y exalten (por no mencionar la emoción ante
los místicos abedules leninagredienses contiguos a Bizancio o al sueño de sombra caída
de la calles a horas solitarias en la noche)
Es comprensible que tú, poeta vulgar y ciudadano apenas extravagante,
pises el amargo polvo del exilio, ultimus romanarum entre bárbaros,
bajo este sol tuyo en gallega aldea feudal.
Pero tú defiendes lo mejor.
Tú defiendes lo mejor.
Acepta como estoico el clinamen y la derrota, la universal corrupción y ordinariez,
pero no, Christian, no hagas tuyo el poder de la soldadesca, el simio poder de los encumbrados,
el uso y abuso de la vacía estadística,
no te agrupes en conjuntos de más de uno,
en grupos de más de dos,
oh tú que defiendes lo mejor.
Fuera de ti los ritos de la canallería, del vulgus montaraz,
de la horda agraz que calumnia e insulta en abajado nivel de sí mismos,
nunca tú atiendas la satrapía de los iguales, a estos
que se aglomeran y van al mogollón, a la molicie, que se juntan y se definen por la especie
mas no por el ejemplar; que no te conviertas en alguien que enjuicia
a partir de parecidos de familia en lugar de alabar y denostar, de sopesar y denigrar,
únicamente por el contenido y calidad del carácter,
por la capacidad de amar del corazón
(propiedad de lo individual, de la equiccidad, de lo no comunitario),
que es necesario, oh tú mi compañero, mon semblale, que seas, que seas ave con plumaje propio.
Tú defiendes lo mejor.
Tú, como afirmó Marco Aurelio, no debes ser como tus enemigos.
Tú defiendes lo mejor.
Tú, amigo con mi nombre, defiende y enaltece lo noble, la gran Ley, asegura
la costumbre de lo mejor que se ha escrito y pensado, de la sinestesia indomeñable,
del sutil momento de la ternura,
de las costumbres resumidas en una bondad insoslayable de la belleza,
de la belleza indiscernible de la verdad y a ella unida,
tú -hazlo saber- haz saber las ideas no perennes:
que sólo el distinto juzga al distinto,
que el pensamiento precede y sucede al sentimiento,
que el único patrón oro son los gestos de los aristócratas,
que seremos valorados por ígneas mentes doradas,
que lo mediocre propende a lo inmoral -y ofende que no ofenda-,
que mejor quimera de faisán a fast-food consuetudinario,
que lo grande, que la experiencia de lo sublime,
que la hiperestesia que hasta desangra de luz a las luciérnagas,
nunca se sometió a la grey ni a la banal turba,
que nosotros (tú defiendes lo mejor) mantenemos alta y viva y limpia, generosa y luminosa,
cual fuera toisón dorado o mácula divina o tulipa de eros,
la llama de la excelsa delicadeza de gusto y matiz y opinión,
la recta senda que conduce al palacio de pavimento adamascado,
al palacio de la bendita soledad y el solar silencio,
ese imperio (ah vulgata esta de los tiempos de ahora mismo)
ese imperio de poemas, artes, ideas y costumbres, sensaciones y placeres,
ese imperio inenarrable de vientos inmarcesibles
que los tuyos conocéis con la seña de la grave palabra "destino".
Debiera glosar in extenso el poema para evitar las muchas impresiones equívocas que pueda causar. Pero no me apetece. Lo que sí me place decir es que el significa cognitivo del poema se me presenta como definitivo y compacto, irrevocable y también de nuevo definitivo. Lo que no está nada logrado es la formulación poética del mismo, su significado emotivo o metafórico, por decirlo así. Más que strictu sensu un poema es un apunte o esqueleto de poema, un desordenado y muy desafecto borrador que corregiré y reescribiré para adecentarlo. Curiosa observar que el descuido o merma expresiva es típico, emblemático, que se adecúa en definitiva al formato en que está circunscrito. Los placeres de la informalidad además del desaliño son ínsitos a un blog o mail, hecho que, por ejemplo, no ocurría en la literatura epistolar de antaño. Parece o pareciese que la liviandad electrónica, el soporte virtual no molecular se enfrenta contra el prurito de perfección y calidades de la antiquísima celulosa. No sé. A continuación escribo el segundo poema que orbita en la misma onda temática y -tristemente- también formal.
CON MIS PAPÁS EN LA REMOTA BELLE ÉPOQUE
Ah aquel mundo de ayer de mi infancia
cuando iba con mis papás arriba
al reservado del restaurante (Les gens que j´aime, digamos, o bien Vía Venetto)
y abajo quedaba la vida, la cuca coctelería, el piano perfectísimo, el aire rizado del verano.
Lo recuerdo con intensa claridad de símbolo:
la gente era aún ordenadísima,
educadísima, exacta y sólida,
no cabía ni plebeyez ni engaño, ni nihilismo,
y el pensamiento era soberbio, augusto,
subrayando el gesto sereno y firme, magnánimo,
y el dinero -perdonad la confesión- lo teníamos quienes debíamos tenerlo.
Para nosotros el sileno griego, y el templo mozartiano, el lirio ruskiano,
el chelo de la noche, el violín del otoño,
las lluviosas playas de amanecida.
El mundo entero era una pastelería vienesa,
era una cristalería verdina con cofres verdaderos,
y la vida lo mismo, sin diferencia, al sabor de los pescados
en las tabernas de Sitges. Sí, hubo un día que nosotros éramos los amos del mundo.
Sin cutres revistas del corazón ni carreteras atestadas de turistas,
éramos nosotros, los buenos, los dignos propietarios
del inexorable mecanismo de la Historia, el Arte y la Vida. Rezábamos al Altísimo
y nuestras plegarias se atendían, buscábamos fe y alegría, y de fe y de alegría se nos proveía,
creíamos en el Bien, y no había mal en el mundo ¡Qué suave era el musgo y el muslo!
Nada había que temer, pues el mundo funcionaba porque estaba bien hecho.
Sin embargo, imperceptible e insensiblemente, se socavó aquel Ancien Régime.
Se dejó de oír el crujido de aquella osamenta que sostenía el orbe,
la trompetería en rotación de los bárbaros cruzaba las fronteras conocidas.
Sin embargo ocurrió que vosotros ascendisteis al escenario de la historia. Se trocó gema por plata, sino barro (las almas de oro eran reliquias del mundo de ayer)
Subieron muy mediocres y rapaces, muy mediocres y mendaces hombres al poder, todo se llenó de estas mentes ruines y vulgares del comercio, empezó caudalosa la tan indeclinable como impostergable corrupción de la Belleza.
Donde comía cada día con papá y mamá pusieron un Zara. En las voces
de mis semejantes y desemejantes enseguida percibí una neblina ácida y turbia.
Arreciaba como una plaga de langostas el tsunami de las muchedumbres.
Se imponía como blanca religión la ley de la horda.
Y ahora todo y todos continuamos como bestias en esta república.
Ahora todo está perdido y parece que nadie quiere saberlo.
El Orden industrioso y lacayuno, industrial y lacayuno, tecnólogo y sumiso, se conjura
contra aquellas virtudes de Helenas homéricas, de raudos Aquiles (y ya se observan parodias de Hefestion y podres estilizadas dentaduras de plexiglás)
Por el Orden impúdico se abren las puertas del Averno
y se congelan los vientos del mar. Y se hielan los desiertos.
Aquella sabiduría que era una perfección que absorbe, una caricia que unta,
se cambió por este expreso de Shangai cuyos raíles -raíles y bisontes-
a otra estación Mauthausen nos conducen.
Recuerdo como con papá y mamá iba arriba, al bonito reservado, a degustar mis cangrejos
y mis vieiras laminadas con tomatitos de invierno. Se hacía dichoso lo individual,
extenso Libro de horas la Forma, de oro la puerta damasquina se volvía. Agradezco a mis papás la hermosa tradición que me legaron. Pero pasó,
pasó aquello como pasa la arena a través de la medida clepsidra, como pasa el agua
del tiempo a través de la cintura voluptuosa de la clepsidra. Ya ahora en mitad del camino
de mi vida, recordando con amor aquella arcadia (el maître no oía inmorales planes de sexo como debe oír ahora, ni pazguatos y analfabetos comentarios de futbolistas o sus presidentes), recordando aquella feliz memoria que -ay- no fue promesa de futuro, derrotada la flor del tiempo,
poseedor de hacienda menuda y con envidiable mente decido
decido
decido desaparecer,
vagar por mis tierras gallegas,
saberme propietario de lo noble e inmortal,
vagar por bosques de eucalipto,
vagar por mi sonrosada melancolía,
y escribir, a nadie escribir,
las líneas precisas e incomprensibles de este elegíaco poema.
Habría mucho que hablar y matizar, de declarar y contradeclarar, de usar el delicado arte del matiz y la comparación, para que se entendiera el sentido -sentido en el sentido de mis intenciones- del texto anterior. De lo vario y diverso que deberíamos consignar sólo dos cosillas: primo, que tomar el poema ad litteram es a mi ver una barbaridad absurda, secundo, la omnipresente ironía presente en él, abundando para el que leyere en una definición óptima de ironía: la ironía es la estimación optimista de la inteligencia del que escucha. Nada más. Lean y sean libres, salud y libertad amigos.
Postscriptum: a quien creyere que los poemas antedichos son jodidamente malos , como el autor cree, consuélense con que en el mundo lo que menos abundan son los poemas jodidamente buenos. Demonstrato.
Blog a la busca de cierto carácter meditabundo y meditativo o sobre los pinitos literarios de alguien de escritura perfectible. Cajón de sastre o lecciones de cosas o silva de varia lección de un animal racional literario. Modo de agradecer lo muchísimo que los libros me han dado sin olvidar aquello de que, por mucho que tú los ames, ellos no te aman. Sólo aman las personas. Blog que sería un éxito si fuese lo mismo que el otium divinis o bien que el otium cum dignitate.
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