No a leprosería, a un palazzo les invito, al de la hiperestesia y los mármoles en las estatuas. Aprenderemos lecciones: Bernini, la astronomía egipcia, el morbo de las tarántulas, la música tout court. Notarán cómo se adensa la belleza en el alma en transporte de pedrería verdina igual a la absenta. La belleza que, a través de los oídos y los poros, se mete en los adentros, la belleza que viaja del éter a los búhos, de los búhos al jardín, de ahí a la villa, esa belleza contigua a las estrellas y los bosques, se posará en sus ojos achispados. Que la villa sabe doctrinas de eromanías, de ángeles solitarios y meditabundos en las playas del atardecer, de hombres corydianos y amazonas dafnianas, de salvajes filosofías, cual una rural erópolis. Todo -lo juro- fluirá de luces oxigenadas, a diferencia de ese casquete de invisibilidad que pone la mirada en los objetos en nuestra actual época, y veremos plumas de oca en colores de Piero Della Francesca. Veremos, sí, sí, colores de una sutil fiore d´arancio, y geometrías que glorian al Amor, y cómo los gatitos cabrillean de luz rezumando aroma a espliego, y leeremos los Psalmos, y reiremos en fotografías de luces indirectas. Pero, nobleza obliga, desarrollen su legítima rareza. Desarrollen su legítima rareza y sean tapiadamente bienvenidos.
Qué hay en la villa; biombos, un óctuple cangrejo, cajas lacadas con razón suficiente, pensamientos latinos pensados por Rimbaud. También hay el cielo de Uppsala, hornacinas, una pequeña galería de fantasmas, seis sextantes, la rue Auguste hace dos siglos, Silvestre II antes de morir, dados, verdes mares de marihuana, sextinas, una boîte de la rue Auguste del verano del noventa y siete, moléculas que saltaron de la piel de chicas norteamericanas que tomaban el sol en la piscina y que una nube a transportado a Europa, libros de la Loeb Classics, gatos y rosas y cangrejos, pero que mucho sabor a cangrejos, y muchísimas cosas más.
La bullanga de la vida en el palacio estallará como palomas trinitarias, como cremalleras de sus tejanos. Y, claro, claro, estalla la belleza sin necesidad de decir "no", no se exige gritar un "no" lleno de hiel e injusticia, de sufrimiento y psicopatía, de sinsentido. Que la belleza moja la hierba, pone el líquido en la copa, arrulla a los amantes, la belleza aquí no dibuja tachaduras sórdidas. Gotea de ubres nevadas al comenzar el deshielo, es, en definitiva, la belleza en estos lares como una civilización sensata y clara. Encima a la hora del crepúsculo se disfruta de mucha soledad. Un crepúsculo gnómico, gnóstico, numinoso, alquímico, luminoso girasol alquímico, por el que zozobran las ardillas del jardín, y por el que la lluvia se empecina en caer inclinada.
De oro es mi daiquiri. De oros son los daiquiris. Amarillos oros, uñitas amarillas, infancias hermosas de oro, braguitas de oro, agua de piel de oro. Sí, oro. En la villa abunda el oro. De oro la hélice de sus ojos. De oro Internet y las catedrales. De oro la realidad henchida de arte y entusiasmo. Que sea vuestro el sabor frutal del daiquiri mojando vuestros labios. Que sean los labios mitad de guepardo mitad de Ava Gardner, mitad carpe diem mitad carpe noctem. Que el digitus del ángelus zumbe colérico en nosotros. De oro. Así de oro. Donde las avispas inconmensurables son de oro dorado. De oro.
Y en el palazzo la palabra "hafiz" gotea en la garganta, y el haxix afila dagas y las razzias ensanchan los pulmones. Las palabras son pérgolas de lujo retórico como la prosa de Nabokov, y, según las últimas estadísticas, una fuente mana. Mana y mana como una salmodia, como la débil Parca, como una pistola humeante en el negro capó de un auto, como un cerebro imposiblemente tartamudo y muy ingenioso. La fuente de la vida, llaman los chavales a las fuentes de palacio.
Invito a palacio. Queda dicho. Welcome, ladies and gentlemen. Nadie, a lo que parece, no está invitado.
Blog a la busca de cierto carácter meditabundo y meditativo o sobre los pinitos literarios de alguien de escritura perfectible. Cajón de sastre o lecciones de cosas o silva de varia lección de un animal racional literario. Modo de agradecer lo muchísimo que los libros me han dado sin olvidar aquello de que, por mucho que tú los ames, ellos no te aman. Sólo aman las personas. Blog que sería un éxito si fuese lo mismo que el otium divinis o bien que el otium cum dignitate.
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