Verano. Northlilia -tierra al norte de los lirios- en silencio y el mundo en calma. Posesión de la noche en el espíritu perfecto del pensamiento. Divino primer día de la creación. Noche azul. Una pradera me convida al agua, me transformo en un gran susurro vegetal, veo acordes de respirada luna azul dentro de las fosforescentes luces de la noche. Y pienso con el mismo cerebrito de una planta. Y siento con el mismo sentimiento de una manzana. Tengo ese acceso a los objetos de natura mediante el cual mis deseos pueden alzar ríos, provocar torbellinos en los ríos. Quietud del verano. Quietud que es significado. Un punto de quietud en el eje del mundo, quedando éste ahora suspendido en la fijada voz apergaminada de las abejas, en las savias de musgos frescos de las fuentes. Albada de trompetería sinfónica -lirios mozartianos, prímulas bachianas- en la turbamulta de los pájaros al amanecer a quienes presto un oído de seda y nácar y nada. La creación es real. Negra noche como es negra la media de hembra. Ah mi feudal aldea gallega; treman como músculos de un violín cada una de las piedras y los palleiros. Justo mientras nace el día acaba de cruzar por mi jardín una ardilla. Pienso y siento, lentitud del pensamiento. Noche y alba, lentitud de la soledad. Matrimonio de orquídea y acedía. Conmigo la estupefacta sombra de la ardilla con su cola azul.
Primavera. Rapsodia de Northlilia clara e intensa, como de mirar y oír muy quieto, mirar y oír y entender desde la flor amarilla hasta la cola azul de fuego de los meteoros. Me gusta mirar nubes, ponerlas en el hueco de mi mano y mirarlas, investigar nubes como quien elabora ecuaciones líquidas. Las elucido parsimonioso. Veo su bella verdad enlazadas al gran Orden, al orden de campanitas sonoras de los abejorros, al orden de los huecos de silencio llenos de luz tamizada de trigos y mies. ¿Sufrir? Me voy puliendo como con piedra pómez, y caen escarchas de sufrimiento. Y contemplo como se pulen de sexos diamantinos las hojas, como la savia circula por la arborescencia de los cerezos, como mi mente sanguínea se une con razonamientos intangibles a la mecánica de los milagros. Ah esta primavera que adviene con fuerza de destino. Las ondas del peral en mi iris reverberan, el tufo del eucalipto hace aumentar la densidad de las moléculas, y florece el tojo y sangra el hocico de los jabalís. No investigo, contemplo. Así como el científico elabora ecuaciones, y el poeta metáforas, yo elaboro contemplaciones extraordinarias e incorruptibles, insobornablemente hermosas y no caducas. Llega la hora del menstruo de las primeras mariposas. Matrimonio fulgurante de orquídea y acedía. El amor -lo bien creo- es un noble metal amarillo, el sexo un elemental lirio salvaje. Y nobles, muy nobles bestezuelas azules los trigos. Y es noble el alma y el espíritu. Rapsodia de verdes. verdad. Se alcanza -diríase- la delicadeza suprema de sentimiento e imaginación.
Otoño. Convalecen de frío el valle y los bosques. Caminos del bosque donde se ven copular a íncubos y náyades, donde -también- se llora de alegría si algo entibia el sol la piel. La piel de la espalda que me besa un ciervo. Dos astros se siguen como sigue el adjetivo al nombre, como sigue la sombra al cuerpo. Mastico unas hojas de helecho y, poco a poco, me duermo bajo un nogal. La Realidad es igual a este circunvalante verdiazul gallego. La Verdad es el milimétrico goteo de las fuentes, la Belleza son las orugas, las senequistas vacas, eros, philia, y ágape humedeciendo mis labios. Y otro ciervo lame mis nalgas. Compacto matrimonio de orquídea y acedía. Porque Abril es el mes menos cruel, y no hay fealdad en los petirrojos, y óperas de vientos invaden el silencio. Más allá del valle está la sifilización; el reino de margaret astor con las braguitas con el pespunte deshilachado, el reino del viento de los acrílicos color seca pulpa lujuriosa. Pero aquí no existe, sensu strictu, lo hermoso y lo feo, el antes y el después, lo agradable y lo desagradable; aquí todo fluye indiferente bajo el árbol o reloj cósmico de las ideas unidas a la visión, de los objetos con el corazón fundidos.
Invierno. Entre feos y estúpidos, mediocres y soberbios filisteos, vivía antes en el Reino de las Afueras. Pero había en mí un gran orden de silencio. Anhelaba los lirios del campo, las aves del cielo, las margaritas silvestres, contemplar nubes. Con íntimo orgullo he de decir que poco me turbaban los afanes del dinero y la industria. Pero mi mente era una paloma atrapada en la turbina de un avión. Sueños de águila despedazados por las aspas de helicópteros. Presentía en mi empirismo interior la cola azul de las ardillas, la cola peluda de los meteoros, la sombra y los abrazos de los piñeirales del bosque. Lentamente me abracé al silencio, a mi sustancia melancólica y dichosa, a ver la pupila de la lechuza. Ha tiempo que vivo en Northlilia. Renací.
Ahora me gusta cada invierno pasear por el Sendero de los Melancólicos. En mi mente a veces hay pensamientos lujuriosos, acrobáticos, hay afectos rococó. Pero el frío se incendia y se escalofría de calma mi mente; no, ya no sangran en su anzuelo las ideas, parece que nunca cansa la verdad ni la nieve en el camino. Ahora mi yo es una roca gozosa de palabras amantes, de palabras suaves como piel de conejo, de palabras tersas como piel de pimiento. Advierto en mí palabras-oruga: esas que amo por que son lentas y recias. Advierto palabras-lobo: en los riscos de la suprema luz de Enero. A veces creo que mi cerebro piensa con el cerebro de un caballo, con el cerebro de un helecho. Y, vano decirlo, poco más soy que muchas y muchas lluvias. Consciente de la quietud, la calma y la hondura, a mí mismo me digo, "amor vincit omnia", me digo en voz baja, "Northlilia fidelis, protectio fortis".
Postscriptum. (i) Miro el río. Las aguas escribes astillas invisibles de frases perfectas, oraciones de un lento e intimidante fulgor, párrafos y libros de un gozo intocable y definitivo. Existe un vigor lingüístico en el río que sólo se aviene con el término "sublime", allí donde el agua esplende como húmeda piel de abeja, allí donde el movimiento de los renacuajos son pequeños momentitos de redonda soledad, allí donde se percibe el símbolo, la figura anhelada, la orquídea y la acedía del Uno, de la forma y lo verdaderamente musical. Oigámoslo empapados de soledad y silencio en la orilla del río. ¿Qué es el silencio sino una hormiga que recorre el planeta de tu mano?¿Qué es la alegría sino fluir del agua y sol en los regatos? (ii) Amor tributario exclusivo de lo sensorial y lo espiritual. Eso es amar el impulso de las nubes, el agua intocada y sagrada. Eso es amar la luz, las nubes y el destino. El ángel del delirio cada noche ilumina a las estrellas y tú duermes mecido por el suntuoso toisón de la vida. Ah la catacumba plácida y hermosa de los sueños, como la poesía, como la acolchada noche que dimana olor a naranjos. El alma vaga con avidez entre el tumulto de olas de eros. Eros es orquídea y melancolía. En Northlilia razono y siento como la espiga, como una nube sonrosada, como el oscuro Marte, como un monte espeso o una isla solitaria. (iii) Los ojos de náyade floral de las fuentes aquí están. Y los labios, mitad de letras, mitad de brasas. La orquídea y la acedía no se describe, se vive. Todo acabará en un "the end" o bien en un "game over", pero del corazón de Northlilia, de sus almas, veremos ángeles, serafines y arcángeles que a lo alto vuelan...
Blog a la busca de cierto carácter meditabundo y meditativo o sobre los pinitos literarios de alguien de escritura perfectible. Cajón de sastre o lecciones de cosas o silva de varia lección de un animal racional literario. Modo de agradecer lo muchísimo que los libros me han dado sin olvidar aquello de que, por mucho que tú los ames, ellos no te aman. Sólo aman las personas. Blog que sería un éxito si fuese lo mismo que el otium divinis o bien que el otium cum dignitate.
No hay comentarios:
Publicar un comentario